|
Escrito por Alejandro Malo
|
|
Sábado, 14 de Febrero de 2009 00:00 |
I (XII-2000)Me estás prohibida tú, quien todavía remueve las cenizas de mis sueños. Me está prohibido andar tras tus pequeños gestos, tu risa breve, tu alegría más íntima, más frágil, más deseada. Me está prohibido usar, de tus murmullos, más que un fugaz instante y los capullos de algo que promete sin ser nada. Me está prohibido estar, a medianoche, entretejiendo redes para atarte al ritmo de mi voz, y la alborada me prohíbe, también, que en un derroche de libertad, me entregue al feliz arte de arrullarme al calor de tu mirada.
II (XII-2000)Pero aún así me miras, lo presiento. Me acuna tu recuerdo en la distancia, me envuelve tu perfume y la fragancia forestal de tu cuerpo da un secreto sentido a tus ausencias. No comprendo el lenguaje preciso y, sin embargo, ahuyentas este cáliz y este amargo decálogo. Me estoy sobreviviendo con la fe, quizá vana, de que un día estaré ante tus ojos sin más ropa que la luz de la luna. La agonía de no entregarme a ti se desvanece en aroma a esperanza y una copa se promete a mi sed, y me estremece.
|
© 2004 - 2009 Todos los derechos sobre obras, dominios y marcas pertenecen a sus respectivos autores o titulares. De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos.Para visualizar el diseño y contenidos de manera correcta se recomienda alguno de los navegadores y versiones recomendadas en los enlaces siguientes: