Artistas cursis :-: Exposición Interdisciplinaria por San Valenín :-: Exposición Interdisciplinaria por San Valentín
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Exposición Interdisciplinaria por San Valentín E-mail
Escrito por Miguelángel Díaz Monges   
Sábado, 14 de Febrero de 2009 00:00

Presentación

"LA SOCIEDAD DE LOS ARTISTAS CURSIS"
Soy de los que celebran el Internet y Facebook, consígnese. En esta red social, mediando noviembre de 2008, se dio un fenómeno interesante, una demostración de contextos e hipertextos cuyas consecuencias parecen notables. Un poeta con gran actividad editorial –omito nombres porque la mayoría sabe de quién se trata y él no ha querido ser enredado en este asunto, y porque mentarlo a él me obligaría a mentar a muchos- sorprendió a una dama y a un músico de estos de vanguardia feroz criticándolo con desparpajo en "el muro" de uno de ellos: le acusaban, entre otras cosas, de "cursi". El poeta editor, sin aspavientos, copió el descarado diálogo –que si público lo hicieron será que público lo quisieron- y, sin comentario mediante, lo destapó como nota con etiquetas quirúrgicamente calculadas. El resultado fue el previsto: según los comentaristas de la nueva nota, aquellos eran impúdicos e intolerantes y acusar al poeta editor de cursilería resultaba escandaloso. Este movimiento digno de Capablanca consistió en cambiar de entorno un mismo diálogo, con lo que el consenso de unos fue destrozado por el consenso de otros, también artistas y gente con mucha idea.

Lo más asombroso fue el enorme eco que tuvo el tema de "lo cursi", como llamó otra escritora a un escrito breve que no pretendía ser cursi sino tratar literariamente el tema, bien candente aún. Prácticamente el mismo grupo se siguió repitiendo lo que ya se había dicho hasta el hartazgo y sin poner atención al escrito, con excepciones, como todo y como siempre. En los comentarios a una y otra publicación percibí poca claridad respecto de qué es lo cursi y –sobre todo- mucho miedo a serlo, miedo que se taza por el interés en deslindarse o por el asumirse cursi alevosamente como quien se vacuna.

Yo, que ni me considero cursi ni tengo miedo a que opinen que lo soy, opté por hacer en broma el grupo La Sociedad de los Artistas Cursis en la que metí a modo de presentación mis dos o tres ideas generales al respecto, de las que destaco que "cursi" no pasa de ser una mera apreciación, un adjetivo, pero un adjetivo peligroso que se usa para intimidar. Ante la definición que nos ofrece la RALE respondí y respondo: "Vale, pero a mí no me basta y sigo con la pregunta: ¿Qué es lo cursi?"

Convoqué suponiendo que todos lo tomaríamos a chacota y de pronto me vi abrumado por la cantidad de gente –creadores o diletantes de diversos galardones y calañas- que se sumaba al grupo. Surgían propuestas, proponían material, temas de discusión, etcétera. La mayoría un poco en broma, algunos con una pasión rayana en la cursilería, todos procurando ofrecer su mejor imagen creativa. Así, ese grupo creado a la ligera, me exigió esmero y tiempo porque todos le prodigaron lo propio. Y como soy algo tacaño con mi tiempo y mi esmero –y muy respetuoso de los del prójimo- opté por encausar los afanes. La imperdible oportunidad la puso en bandeja el día de San Valentín –"Del Amor y la Amistad"-. Invité a esta exposición dejando muy claro que el tema no es el amor y la amistad, sino que, por tratarse del día más cursi que imaginarse pueda, el tema es –llanamente- la creación cursi. Una vez más fue asombrosa la respuesta en participantes y en volumen de obra en tan sólo 13 días que estuvo abierta la recepción de trabajos –a título de honradez hay que decir que una minoría de las obras presentadas aquí son anteriores, estaban en la página del grupo y sus autores pidieron que se tomaran en cuenta para la exposición.

Fueron llamados a participar arte y reflexión con la sola condición de ser cursis. Algunos, claro está, me preguntaban qué es lo que yo considero arte. Mi respuesta fue siempre que quizá podríamos llegar a un consenso ad hoc pero a falta de tiempo yo confiaba en el buen criterio de cada uno –tal desmarque, por cierto, ha sido afortunado a la hora de hacer la edición y la curaduría, cuyo método y fondo describe por su parte el poeta Alejandro Malo, hombre de claridades mayores que este confundido filosofante que firma.

No cejaba el asombro: nadie preguntó qué había que tomar por cursi, ¡en buena hora, pues menuda es la pregunta! Aunque –ya lo he dicho- mi confianza en los diccionarios y enciclopedias decae conforme aumenta mi fe en el lenguaje móvil e impreciso de la gente, vale dejar registro de que la palabra alemana kitsch significa "cursi" y que ambas se definen principalmente por algo tan indefinible como el "mal gusto".  Con tales vacuidades acerca de "lo cursi", hemos llegado a poco y con nada, habida cuenta de que hay una estética kitsch que puede ser considerada muchas cosas salvo de mal gusto, pues es eso, una estética, una manera de concebir el arte –sea lo que sea éste- y no va de gustos sino de intenciones teóricas y percepciones prácticas, dicho groseramente. Pero lo mismo podría ir de gustos y tampoco habría mal gusto, pues los gustos no son buenos ni malos, sólo son gustos y a su pira van a dar frecuentemente los más descuidados académicos y los más escrupulosos moralistas. Nadie, en las discusiones mencionadas, mencionó la palabra kitsch, o no con la fuerza que habría merecido: una cosa es arriesgar en la demostración y otra muy diferente en el ámbito de la retórica, donde el mejor entrenado lleva casi siempre las de ganar.

No es despreciable la intuición general de que lo cursi consiste en la demostración impúdica de los sentimientos, cosa que llevada al arte es aún más espinosa que todas las definiciones: ¿Cuándo, en una obra artística, la expresión de las emociones cae en el terreno del mal gusto o de la impudicia?, ¿cuándo pues, cae en los juicios y prejuicios que definen la cursilería? Estamos en zona de consensos y los consensos, como se demostró en la anécdota del inicio, cambian con sólo cruzar el río; ni qué decir del transcurso del tiempo (por cierto, y dicho sea de paso, hemos observado que hay países más preocupados por lo cursi: México el que más, cuando este país es rico en muy alabada estética kitsch –si voluntaria o involuntaria ya es harina de otro costal).

Así pues, el sentido eminentemente lúdico de esta Expo San Valentín 2009 organizada por La Sociedad de los Artistas Cursis en Facebook, tiene un origen y un objetivo perfectamente serios, aunque también los hemos expresado con un juego facilón: "give cursi a chance": dar al arte lo que es del arte, ofrecer un espacio para exponer lo que creemos arte cursi, abrir un panorama donde los creadores aquí presentes prediquen con el ejemplo lo que han dicho una y otra vez: que mucho hay de elogiable en la creación cursi y mucha belleza cursi merece salir del claustro en que la tienen encerrada los adjetivos y quienes los esgrimen con furia aquilea.
 


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