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Escrito por Xenia Gasca
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Sábado, 14 de Febrero de 2009 00:00 |
No pregunto. No pregunto por temor a oír la música del final de nuestra historia.
No pregunto ni murmuro en la noche frágil y corta vocablos o metáforas.
En tus brazos mi desnudo terso y húmedo se entrega a tu ternura y en los huecos de mi adentro donde surgen tantas dudas yo respiro.
El corazón rojo por la aorta agradecida satisfecha y entregada desborda algunas lágrimas y tu sangre fuego y luna y mi sangre por la lava de los ojos transmitida al besarnos se funde.
No pregunto. No pregunto lo que ha de suceder mañana ni lo que sienten tus huesos al recordarla ni lo que me odias ahora por amarme tanto, tanto. No pregunto. Sólo espero que tú me necesites como yo sueño quedarme amarrada a tu lecho.
En el cuarto silencioso cobijándonos la noche emanan los vapores de la dicha, de los ojos; del placer de las manos del sudor de los huesos.
Siento miedo.
Es el miedo que ha tenido mi pasado de perder siempre lo amado de borrarse en las caricias; es el miedo a lo perdido miedo a lo desconocido. Es el miedo a seguir sola.
Y la niña la niña de mis ojos afligida ahora solloza. Solloza la crueldad de su destino.
Y tu timbre tierno y triste grave y terso contestando a la pregunta por mí nunca cuestionada contestando lo que el vientre adivinaba, susurra y llora conmigo.
Susurra y llora conmigo hoy la fiera despedida.
¡Ay! Los fuegos y pasiones castigados por la culpa. ¡Ay! La tristeza infinita entre puñales de olvido.
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