Artistas cursis :-: Verso y prosa :-: Siempre hay opciones, siempre
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Siempre hay opciones, siempre E-mail
Escrito por Miguel Ángel Tenorio   
Sábado, 14 de Febrero de 2009 00:00
- ¿Sí, bueno? – contesta ella el teléfono en su casa.

Del otro lado de la línea, él, con el corazón que late a gran velocidad.

- Buenas noches, ¿se encuentra la licenciada …?
- Sí, a sus órdenes – contesta ella.
- No sé si me recuerda – aventura él -, pero usted estuvo en la audiencia conmigo por parte del banco.

Ella parece querer recordar, aunque es difícil precisar, casi todos los días tiene que ir a juntas de conciliación con trajetahabientes que no pueden pagar lo que deben. Y ella, como siempre, al ir por parte del banco, tiene que mostrarse dura, implacable, aunque muchas veces le gustaría ser flexible, amable, pero …

- Fue hace como siete meses – le dice él.

Frente a ella pasan los innumerables rostros de los deudores, sin embargo lo cierto es que no todos podrían tener el número telefónico de su casa, sólo tres, hasta donde recuerda.

- Y bueno, le hablaba – prosigue él – para decirle que muchas gracias por su ayuda. Hoy, ya liquidé mi adeudo con el banco.
- No tiene nada qué agradecer, señor, estamos para servirle – contesta ella, que quiere ocultar la satisfacción que siente por un salvamento más, porque sí, es cierto, a estos tres a los que les dejó su teléfono particular para cualquier asesoría personal, a los tres les dijo:
- No vaya a decir que yo le dije, señor, pero le sugiero que deje de pagar su tarjeta. Le van a empezar a hablar. Cambie su número, y a los seis meses, hable usted al banco. Lo van a pasar al jurídico, le van a decir que hay un despacho que tiene su cuenta. Hable con ellos y dígales que quiere negociar. Le van a bajar su deuda a la mitad. Ahí, aproveche y pague.

Los tres que reciben este consejo, cada uno en día diferente, los tres abren los ojos muy grandes al escuchar lo que ella, la abogada del banco, les dice.

- Y tal como le prometí, en cuanto saliera de este problema, me gustaría invitarla a desayunar, a comer, a cenar, lo que sea más fácil para usted, pues para agradecerle su ayuda – dice él.

Con estas palabras, de los tres que ella recuerda, ya solo queda uno. Claro, ese uno fue al que vio casi derrumbarse, a pesar de sus 50 años, que parecía fuerte y con mucha energía. Y fue ella, a diferencia de lo que pasó con los otros dos, la que se acercó a él, cuando iban saliendo de las oficinas de la Comisión para la Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros.

- Señor.
- ¿Sí? – contesta él, ese día, con los ojos llorosos.
- ¿Tiene un minuto?
- Sí – contesta él, abatido.
- Le invito un café – propone ella, señalando un pequeño lugar frente a las oficinas de la CONDUSEF.
- Yo se lo invito – replica él.

Y ahí en el café, es cuando ella le da su consejo. Él, de los ojos llorosos pasa a la sonrisa de esperanza.

- Usted se ve como un hombre bueno – le dice ella.

Él suda, siente cosquilleo en todo su cuerpo.

- Mi marido también era un buen hombre – dice ella – y las deudas lo acabaron. Se volvió un estafador, de eso vive ahora, y hasta parece que le va bien. Ya nos separamos … Pero lo veo a usted y no me gustaría que se volviera una mala persona. Haga lo que le digo. Y si necesita asesoría, hábleme … a la oficina … o a mi casa.

Ella se levanta con los ojos llorosos. Él se levanta y la abraza. La mutua comprensión se apodera de los dos, y es ahí cuando él formula su promesa de invitarla cuando salga de este problema.

Ella, hoy, al teléfono, no recuerda el rostro de él, pero sí recuerda el abrazo -  inundación de calidez - , y acepta el desayuno. Y ahí, a pesar del anillo de casado que él muestra en su mano izquierda, ella pone sus manos en la mano derecha de él, volviendo a sentir la inundación de calidez, como hace mucho tiempo no, sus piernas se abren bajo la mesa del Tok´s de Ejército Nacional y Molière, y sus labios proponen el beso que él finalmente se atreve a dar.

- ¿Quién me volverá a tocar? ¿Quién me volverá a hacer el amor? ¿Quién? ¿Quién? – se pregunta ella, tres semanas atrás, cuando celebra con sus hermanas y su mamá, su cumpleaños 45.
- Siempre hay opciones – le dice una de sus hermanas, pero ella no le cree.

Un mes después de la pregunta tiene una respuesta, y cuando sale de la oficina camino a una nueva audiencia con otros tarjetahabientes morosos, en todo su cuerpo siente todavía el recorrido de las manos suaves de él, del abrazo que inunda, de los labios de él en su cuello, en sus hombros, en su espalda, en su … Ay, si por ella fuera, que a todos se les borrara su deuda y volvieran a empezar.

- Son políticas del banco – dice ella en la audiencia, aunque luego, casi en secreto, les dice a varios -, pero siempre hay opciones, siempre.



• Esta historia es inédita. Pero hay muchísimas Instantáneas ya publicadas en los libros: “Instantáneas de la Ciudad, antología”, Ediciones El Ermitaño. “La historia secreta de un pañuelo y otros instantes”, Ediciones El Ermitaño”. “La Brega de Tenorio”, IPN. “Muy Buenas Todas Ellas”, Ediciones El Ermitaño. “Instantáneas”, Habitación 69.
Disponibles para su venta en Gandhi, El Sótano y Educal.
 


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