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Escrito por Iliana Díaz Anguiano
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Sábado, 14 de Febrero de 2009 00:00 |
No me quedo en ningún sitio no me voy me quedo de pie sobre mis piernas que no corren ni te sienten en mis piernas sin nostalgias en las piernas que me soportan me quedo en mis ojos cerrados en mi silencio simple mi silencio que no esconde ni calla me quedo en mí con mis manos y mi calma en mí. —Mercedes Alvarado
Me quedo en mí. Y tal vez estire el brazo con la mano extendida y pueda tocarte.
Pero en mí me quedo. En mí en mis silencios, en mis barullos interiores en mis cuevas, en mis valles, en mis luces y mis sombras. Me quedo en mí y la dulzura de los ojos cerrados y del cuerpo laxo que me aloja En mi almacén de recuerdos, de sonidos, en mi lago lleno de historias
Puede que un día te invite y puede también que te asomes intentando atisbar a través de mis ojos dónde estoy... quién soy... y puede que tú, desde ti alargues el brazo con tu mano extendida y me toques y aunque en ti te quedes un poco -sólo un poco- te quedes en mí y yo me quede en ti sólo un poco.
Dentro, el lago, las cuevas, el barullo yo en mí con los ojos cerrados en mi cuerpo laxo, soy ahora otra y la de siempre las mil las ninguna las nuevas las antiguas con el agua rizada por tu toque.
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